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Células Madre vegetales y Ácido Hialurónico en la cosmética

Por cada célula madre protegida, miles de células epidérmicas podrán renovarse y reparar así los efectos del envejecimiento cutáneo. Hay dos tipos básicos de células madre en el cuerpo humano: embrionarias, que pueden crecer y diferenciarse en uno de los 200 tipos de células que constituyen el cuerpo humano. Y las adultas, localizadas en algunos tejidos como la piel y la sangre.
Las células madre son las que se encuentran en todos los organismos multicelulares y que tienen la capacidad de dividirse y diferenciarse en diversos tipos de células especializadas, y de autorrenovarse para producir, a su vez, más células madre.
Actúan en la regeneración o reparación de los tejidos del organismo. Y al ser el pilar del proceso de renovación celular es fundamental su protección y restauración.

Las células madre epidérmicas mantienen el balance de las células dentro de la epidermis y regeneran el tejido dañado. Tienen una vida limitada porque el estrés y la edad pueden disminuir la actividad y el número; una de las causas de envejecimiento cutáneo.

Todas las células madre, independientemente de su origen humano, vegetal o animal, tienen la capacidad de autogeneración. Por eso se usan para ayudar a preservar la vitalidad de las células madre humanas.

El extracto de células madre vegetales tiene la capacidad de proteger y reactivar eficazmente nuestras propias células madre dermoepidérmicas, fortaleciendo la estructura del tejido conjuntivo y mejorando la calidad y la textura de la piel.


Así mismo, involucrado en numerosos procesos que tienen lugar en nuestro organismo, el ácido hialurónico presta una función clave en la cicatrización de heridas, la regeneración celular y la lubricación de articulaciones y sistema conectivo.

También es fundamental para ayudar a la hidratación de la piel y, por ende, a mantener sus propiedades. En definitiva, se trata de un potente producto anti-aging o antienvejecimiento.

El ácido hialurónico es un glicosaminoglicano (GAG) encontrado por todo el cuerpo, aunque se concentra principalmente en el líquido sinovial, el humor vítreo del ojo, el cartílago, los vasos sanguíneos y el cordón umbilical.

Dado que está presente en todos los tejidos del cuerpo, su importancia no puede ser subestimada. También es abundante en la piel. De hecho, es uno de los principales componentes de la matriz extracelular, el componente clave en todos los tejidos conectivos, incluyendo el colágeno y el cartílago.

El ácido hialurónico es una sustancia gelatinosa que se produce naturalmente en el cuerpo, con altas concentraciones en el tejido conectivo blando. En ocasiones su cantidad disminuye, lo que puede dar lugar a problemas de salud tales como la artrosis.

El ácido hialurónico es necesario para unir a las fibras de colágeno y elastina, lo cual también es importante para una piel saludable. Además, es un componente básico del líquido sinovial que lubrica las cápsulas articulares.

El cuerpo produce menos Ácido Hialurónico a medida que envejecemos, lo que contribuye a la flacidez de la piel, las arrugas y el deterioro de los cartílagos.
Algunos alimentos contienen este compuesto de forma natural , mientras que otros contienen nutrientes que estimulan su síntesis. 

Dentro de los de origen vegetal, raíces y tubérculos, como papa y batata, fundamentalmente, son las opciones con las que añadir más cantidad de Ácido hialurónico.

El principal inconveniente de limitar el consumo de Ácido Hialurónico a estos alimentos serán las caloría añadidas, como en el caso de consumir alimentos cárnicos con piel.

Propiedades del ácido hialurónico

Desempeña un papel esencial en:

- La hidratación de los tejidos, especialmente la piel.

- Funciona como un antioxidante.

- Promueve la lubricación del sistema articular y conectivo.

- Produce una respuesta antiinflamatoria.

Una de las principales propiedades del ácido hialurónico es su capacidad de hidratar, ya que sus moléculas son hidrofílicas (favorables al agua). En ese sentido, puede absorber hasta 1000 veces su propio peso en agua.

El proceso de envejecimiento conlleva progresivamente a la reducción de la síntesis de ácido hialurónico y, con ello, también de la capacidad de nuestro organismo para retener el agua en células y tejidos.

Además de la edad, hay otros factores que pueden modificar los niveles de ácido hialurónico, como ser genéticos, ambientales y nutricionales, incluyendo la deficiencia de magnesio y de zinc.

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